Concursante

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Siempre he estado profundamente enamorado de los concursos, siento la necesidad de ganarlos todos. De hecho, me gustan tanto que mi madre me puso de nombre Concursante.

Sí, ya sé lo que me vas a decir, “¿Cómo pudo haber sabido tu mamá que te iban a gustar tanto los concursos?” —imaginen que digo esto con un tono de voz muy irónico—. La respuesta es sencilla: los he amado desde antes de nacer.

Tengo un hermano gemelo. Cada vez que mi vieja iba a sacarse radiografías, el médico le decía que yo crecía un poco más rápido, que era un poco más grande. ¡Y hasta nací primero! No fuera cosa que mi hermano me ganara.

Así es, el amor por los concursos corre por mis venas. Según mi padre, esto se debe a que fui concebido mientras ambos tenían la tele encendida con un programa de preguntas y respuestas, pero no he podido comprobarlo.

Si me casara, sería con un concurso. Si existieran las almas gemelas, la mía sería un concurso. Creo que entienden más o menos por dónde va la cosa.

He ganado concursos de quién come más, de quién come menos, de quién tiene el mejor perro y del video de gatos más chistoso. He ganado concursos de escritura, de lectura y de acupuntura; concursos de poesía, de baile, de canto, de preguntas y respuestas y hasta de deportes; concursos de la mujer más delgada y de la más obesa. He ganado en tantos concursos que ya ni me acuerdo. Tengo una casa en la costa cuya única función es resguardar todos mis trofeos y medallas. Pronto concursaré por el premio al humano con más concursos ganados en la historia.

Hasta el momento, mi mayor logro fue el día que gané seis concursos con diferencia de apenas unas horas:

-El concurso a la mujer más linda de Japón.

-El concurso al eructo más ruidoso de Alemania.

-El concurso al hombre con la barba más larga de España.

-Un concurso de saltar la soga en Paraguay.

-Otro concurso de natación en Australia.

Sí, todos en un mismo día. Parece increíble. Lo bueno es que muchos de estos concursos ofrecen dinero como premio y me permiten pagar por viajes y hospedaje.

Participo en alrededor de dos mil concursos al año, y los gano casi todos, obvio. Un par de veces salí segundo, pero es algo que rara vez ocurre y siempre sospecho que es porque los jueces han sido sobornados.

Te preguntarás por qué no estoy concursando en algo ahora. La respuesta es: estás equivocado. En este preciso instante estoy escribiendo un discurso para el concurso del argentino más chamuyero  del país.

Creo que ganaré.

Atte. Concursante García.

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