FIORA: Destellos de Nova Terra

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—Mención especial en el primer desafió oficial de Ciencia Ficción en español de Wattpad—

FIORA

Todo comenzó de la misma forma que comienzan tantas cosas, con una taza humeante de café sintético y el insomnio agobiante de una noche sin sueño ni un sitio al que llamar hogar; con una página en blanco y el pensamiento abarrotado de posibilidades que se negaban a ordenarse. Las primeras palabras asomaban con timidez solo para desaparecer luego de unos segundos con la frustración de un incierto fracaso.

Su nave ya lo había explorado todo, pero no habían hallado nada. Necesitaban un nuevo plan de acción.

Un martillo invisible golpeaba ininterrumpidamente la cabeza del capitán Creek mientras sus ojos se paseaban por los mapas estelares que cubrían cada milímetro de la cabina. En rojo se marcaban las estrellas que formaban parte de la Vía Láctea y en turquesa los planetas que parecían encontrarse a la distancia correcta de cada sol, aquellos que permitirían la proliferación de vida animal y vegetal. En negro se tachaban aquellos que ya habían visitado en vano. Casi todos.

Solo faltaba explorar los sistemas del borde, los que vivían bajo la constante amenaza de asteroides que rozaban sus superficies.

Les quedaba un año.

¡Mierda! —maldijo el capitán sosteniéndose la cabeza para alivianar el ardor de su jaqueca.

Golpeó con sus puños la superficie del escritorio y permitió que una lágrima se escurriera por su rostro lentamente hasta caer desde la punta de su nariz hasta el interior de la taza de café sintético que ya comenzaba a enfriarse.

Les quedaba un año terrestre; medida de tiempo que seguían utilizando a pesar de no contar ya con los ciclos antiguos. En doce meses caducarían todos los ejemplares de plantas y animales que tenían suspendidos en cámaras de conservación. El tiempo se agotaba en un tic-tac desesperado que parecía avanzar cada vez con mayor velocidad.

—Capitán Creek.

Una voz masculina se oyó a su espalda al mismo tiempo que el chirrido de la vieja puerta metálica resonaba en la cabina.

—¿Qué sucede, cadete Millax? —respondió el hombre, sin voltearse. Temiendo que el tripulante notara el llanto que aún brotaba de sus ojos.

—Hay noticias, señor—explicó el joven—. Llegaremos pronto a destino. Nuestras sondas ya son capaces de analizar la superficie del planeta AX528.

—Y supongo que es otro camino sin salida.

—No, capitán. Los resultados muestran que el suelo posee los minerales necesarios para cosechar nuestras antiguas plantas y la temperatura de los glaciares es lo suficientemente alta como para poder derretirla con la tecnología que llevamos en el depósito.

Los ojos del capitán se abrieron.

—Pero… —agregó el tripulante.

—Siempre hay un maldito pero —se quejó Creek—. Dime.

—El planeta es inestable y nuestra maquinaria pronostica que el asteroide Vikarta podría destruirlo en las próximas cinco décadas.

—Entiendo. Cinco décadas son suficientes como para reanimar los elementos rescatados de la tierra y reproducirlos. Así podríamos luego volver a suspender todos los ejemplares por otro milenio, mientras continuamos con la búsqueda.

—Así es, capitán—confirmó Millax.

—Supongo que es mejor que nada.

Jobta Creek ocultó la sonrisa que su rostro dibujaba. También evitó demostrar las nuevas lágrimas que asomaban ahora por la alegría. La humanidad tendría su segunda oportunidad; cinco décadas para preparar nuevas expediciones. Habían ganado otro milenio de búsqueda. Quizás las siguientes generaciones lograran encontrar un planeta al que llamar hogar.

—Deberíamos darle un nombre al sitio —sugirió el capitán en un susurro. Un pensamiento en voz alta que escapó involuntariamente de su boca.

—Disculpe, no lo oí —dijo Millax.

—Nada. Regresa a tu puesto y prepárense para descender en AX528 apenas nos sea posible.

—A sus órdenes. —Antes de retirarse, el joven hizo una leve reverencia que el capitán no vio.

Un nombre, pensó Creek.

Fiora. Una nomenclatura familiar y extraña a la vez se apoderó de su mente; símbolo de un rostro casi olvidado, el último testigo de un recuerdo pasajero que su mente no se había molestado en conservar por completo.

El nombre le sabía agridulce, mas era lo único que le quedaba de su madre que, al igual que este planeta, tendría una existencia efímera, desapareciendo poco después de haberlo encontrado.

Jobta Creek tragó saliva y activó su bitácora holográfica. Dictó:

Año 999 D.T. (luego de la destrucción de la Tierra). Aún no hemos hallado el sitio ideal para reestablecer a la raza humana. El tiempo se agota y Nova Terra no aparece.

Sin embargo, nos dirigimos a Fiora, un pequeño planeta que nos permitirá crear una nueva generación de vida animal y vegetal que extenderá el límite de nuestra búsqueda por otro milenio. Confío en que las próximas generaciones serán capaces de lograr lo que nosotros no pudimos. Quizás incluso fuera de la Vía Láctea.

Toda estación y nave humana que aún se encuentre en la galaxia será bienvenida en Fiora para poder así recrear sus posesiones suspendidas.

Las coordenadas son 34.642.578H – 21.447.317P del sistema Fibtaniano.

Releyó la nota y la guardó, no sin antes enviarla a todas las estaciones espaciales y naves humanas registradas dentro de la galaxia.

El capitán Jobta Creek sonrió. La humanidad tenía ahora una segunda oportunidad. Y aunque Fiora no pudiese convertirse en Nova Terra, al menos sería una gota de esperanza en el desierto de la destrucción.

Relajado, bebió un sorbo de su café sintético. Ya estaba frío.

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